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Simbolismo de la Numerologia
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Simbolismo Esotérico de los números Sabemos que todo conocimiento espiritual en la historia de la humanidad ha tenido dos vías para darse a conocer; una de ellas es la exotérica, que es aquella que se conoce, que se entrega abiertamente a la comunidad, y otra, la esotérica, que es reservada a algunos pocos y que se trasmite de maestro a discípulo. De esta última, se conservan hoy algunos elementos que, de alguna manera, están en nuestro inconsciente colectivo y que pueden ayudarnos en nuestro trabajo personal. A continuación entregamos algunos significados esotéricos que las tradiciones ocultistas dieron a los números. Cero, el punto muerto El concepto del cero fue descubierto por los mayas más de mil años antes que los europeos. Representado por una concha cerrada, recordando la posición del feto en el útero, el cero representa la desintegración del grano de maíz que precede a la aparición de la semilla y simboliza la regeneración cíclica, pues representa el paso de una vida a otra... el punto muerto... de donde parten los números ascendentes, como el comienzo del desarrollo de toda nueva vida. El uno, la base El mejor símbolo de la Unidad es el punto matemático imperceptible, arbitrariamente situado en la intersección de dos líneas o en el centro del círculo, el que engendra la línea que se desplaza en el espacio y crea la superficie, dando la idea de la tercera dimensión. Numerosas civilizaciones (mesoamericanas, caldea, asiría, egipcia) eligieron representar la unidad por una rueda alada. Dos, la dualidad Símbolo de la polaridad, de la oposición, de la división de la unidad en masculino-femenino (yin/yang), el dos es también el símbolo de la sexualidad. Tres, receptáculo de la totalidad Primer número impar (el uno era considerado par e impar a la vez, macho y hembra), activo, símbolo del cielo, del espíritu, el tres es un número perfecto, la imagen sensible de la divinidad, igualmente representado por tres círculos enlazados, tres velas, tres cruces, tres soles, tres colores: blanco (Padre), azul (Hijo) y rojo (Espíritu Santo), y por el trébol. Esta Trinidad Padre-Hijo-Espíritu Santo, Mithra el dios triple, etc., simboliza la triple energía divina que prodiga a la tierra por tres veces sus beneficios. Se le aparece a Ezequiel bajo la forma mixta del águila, del toro y del león, emblemas del espíritu etéreo y de los poderes destructores y creadores que se unen en el Dios verdadero. El mismo principio está representado en todas las tríadas divinas: la Trimurti hindú (Brahma, el creador -Vishnu, el conservador -Shiva, el destructor), las Tríadas egipcias de Menfis (Ptah - Sekhmet - Nefertum). de Osiris (Osiris - Isis- Horus), de Tebas (Amon - Mut -Khonsu), persa (Ormuz, el Sabio genio - Vahu Mano, el buen pensamiento - Asha Vahista, la perfecta justicia). Cuatro, la totalidad Cuatro es el número de la organización. Simple proyección de la unidad, el cuatro era el número del ritmo perfecto. Es el número de Júpiter, ley viviente, maestro de la protección y de la justicia, organizador de todo lo que ha sido creado. Estos significados se extendieron a títulos reales: Señor de los cuatro soles. Maestro de los cuatro mares, Señor de las cuatro partes del mundo, eran términos que designaban a los reyes y a los jefes, frecuentes en el sánscrito, la antigua Babilonia, los chinos, los peruanos. Cinco, el equilibrio, la perfección humana El cinco era considerado por los etruscos y los romanos como un número nupcial (las 5 antorchas que acompañaban el ritual de matrimonio) porque es el primer número resultante de la suma del ptimer número femenino número masculino. Es el numero visto como el mediador entre Dios y el universo. Así, la figura humana se inscribe en el pentagrama, pues la cabeza domina los cuatro miembros como el espíritu comanda los cuatro elementos. Seis, la belleza Seis es el número de la perfección, de la belleza: la sexta Sephira de la cabala, Tiphereth, significa belleza y ornamento (representada por el planeta Venus); los seis colores (tres primarios: azul, amarillo, rojo; y los tres derivados: verde, naranja y violeta). El sexto arcano mayor del tarot. Los Enamorados, está asociado a Venus-Ishtar, estrella de la mañana guerrera, y enamorada, como astro del ocaso. Siete, la armonía Desde la Antigüedad, el número siete apareció como una manifestación del Orden y de la Organización cósmicos. Ocho, el equilibrio final Número par, femenino y pasivo, primer número cúbico (2 x 2 x 2 = 8), el ocho representa a la Tierra, no en su superficie sino en su volumen. En Babilonia, en Egipto y en Arabia, era el número de la reduplicación consagrada al sol: 2 x 2 x 2: de donde proviene la imagen del disco solar adornado por una cruz de ocho brazos. Nueve, la jerarquía Número impar, macho y activo, el nueve es el primer cuadrado entre los impares. Los antiguos lo consideraron como la Tierra + los 7 planetas + la esfera de las estrellas, es decir, 9 esferas concéntricas. Diez, el matrimonio Número compuesto, el diez reúne los significados del 2 (partición, razón) y del 5 (Eros, fuerza de la naturaleza). Es, entonces, el Eros racionalizado, legalizado, el matrimonio. En la misma línea, representa a la primera pareja: 1 = el hombre, 0 el huevo fecundado por el 1. Es también el número de la totalidad (hay diez dígitos), del universo, de los Sephiroth de la Cabala. Hay diez dedos, diez nombres divinos, diez predicados escolásticos (substancia, cualidad, cantidad, posición, lugar, tiempo, relación, hábitos, acción, pasión). Once, lo desconocido de un nuevo ciclo El once es, para los árabes, el número del conocimiento de Dios, lo que sucede en 11 etapas:
Doce, el orden Síntesis del sistema duodecimal y del sistema circular, el doce rige el espacio y el tiempo y simboliza el orden y el bien. Según los persas, todo el bien proviene del movimiento regular de los 12 signos del zodíaco, creación de Ahura-Mazda, mientras que el movimiento irregular de los 7 planetas provocaría el mal. Trece, el comienzo de un nuevo ciclo En la Antigüedad, incluso antes del cristianismo, siendo el doce un número completo y perfecto, el trece indicaba el comienzo de un nuevo ciclo, de una nueva vida y, de ahí, se convirtió en el emblema de la muerte. Muerte a la cual se agrega la idea de renovación (fin de un ciclo y comienzo de otro). Dieciséis, la realización El dieciséis, cuadrado de cuatro, indica la realización del poder material. |
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